3.- El IER es una institución privada y autónoma

El Instituto de Educación Rural, depende de su Junta de Socios Activos, la cual tiene la obligación de velar por mantener las líneas institucionales y conservar sus principios fundamentales.

La Junta de Socios está formada, por un máximo de cincuenta socios activos que se agrupan en cinco categorías, los que se reúnen en Juntas Generales que pueden ser Ordinarias y Extraordinarias.  Estas constituyen la autoridad máxima de la institución.  En la Junta General Ordinaria, que se efectúa anualmente en los meses de mayo o junio, los socios se reúnen entre otros fines, para designar de entre sus miembros a siete consejeros que son elegidos por dos años, uno de los cuales debe ser un sacerdote católico.

La Fundación es administrada por este Consejo de siete miembros, que se renueva anualmente por parcialidades de tres y cuatro miembros, pudiendo ser reelegidos indefinidamente.  El Consejo designa, de entre sus miembros,  a un Presidente, que lo será también de la Fundación, representándola con las atribuciones que le señalan los Estatutos.

La calidad de socio es conferida por la Comisión Permanente de Socios que está  compuesta de catorce miembros.  Integran la comisión los siete consejeros en ejercicio y siete socios designados anualmente para este efecto por la Junta General Ordinaria.  La Comisión tiene las atribuciones de efectuar los nombramientos de socios, señalando la categoría en que se le investirá.  Al mismo tiempo puede revocar el nombramiento como socios de aquellas personas que hayan perdido las calidades o requisitos que se exigen para ser socio activo.

Por ser una Institución que desde su fundación ha estado ligada a la Iglesia Católica, todos los acuerdos de la Comisión Permanente de Socios que se refieren a la incorporación o retiro de los socios, deben ser ratificados por el Ordinario Eclesiástico de Santiago.

La Junta de Socios es mucho más que una instancia de administración responsable de la marcha institucional.

Del conjunto de sus socios se espera que sean una comunidad sólidamente unida y espiritualmente fecunda.  Comunidad que alimentada desde su fe vele por entregar un servicio entusiasta para la promoción humana y cultural de la vida rural.  Su vocación encuentra en la educación el camino para la elevación de la condición rural.

De su interés y compromiso con el futuro de las personas, familias y comunidades rurales; del conocimiento y estudio de sus restricciones y carencias y de sus oportunidades y esperanzas; de su convicción e impulso para animar un esfuerzo sistemático de humanización de quienes viven o trabajan en contacto con la naturaleza, dependerá también la marcha y eficiencia del propio Instituto.

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